Era una tarde hermosa y brillante de agosto, Guillermo salía de la universidad y se dirigía hacia su casa, el viento soplaba con fuerza y caían hojas por doquier. Caminó por toda la setenta mientras los rayos del sol le acariciaban. Él era muy observador y en su camino hacia la estación estadio del metro, intentaba adivinar el estado de ánimo de la gente mirándola a los ojos, mientras lo hacía, se daba cuenta de que era muy rara la persona que expresara alegría en su mirar. Se topó con diferentes personajes en su camino hacia la estación. Un hippie alocado que le regaló una manilla al tiempo que le decía que pidiera un deseo, deseo que te vayas fue lo que pidió. Luego, se le acercó un hincha del nacional con los ojos rojos, trabado, con tufo y con una voz algo amenazadora le dijo: “panita colabóreme pa la boleta”, a lo que Guillermo le dijo que no rotundamente. Al rato, llegó a la estación, compró su integrado y se subió al metro.